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Kit Kat Club


Cuando vivía en España, siempre tuve una extraña atracción por los locales de intercambio de parejas. Sólo llegué a ir a uno, y por motivos más bien bizarros. Estaba delante de mi casa, y era el videoclub donde solía ir con mis padres. Un día añadieron mucho porno, poco después añadieron lencería... al poco tiempo ya no íbamos a alquilar pellículas, la puerta era diferente, sólo abría por la tarde-noche y entraban personas que vestían extraño. A mi me fascinaba. Tuve la oportunidad de ir para una fiesta fetish... y aluciné.

Al mudarme a Alemania, pensaba que todo sería mucho más europeo y con un factor kinki-freak no tan fascinante. Me equivocaba. Me fascinan los Kneipes alemanes, llenos de señores gordos bebiendo cerveza y señoras de pelo corto y dudosa feminidad que no paran de fumar. Me fascina que en las webs de ofertas de trabajo se encuentren anuncios donde se solicitan chicas para bailar en Table Dance. Me fascina que los alemanes todavía lleven el pelo Mullet.
En resumen, aquí y en la conchinchina, hay factor kinki a go-go. Y yo, encantada!

Y si te dejas caer por Berlín y te apetece ser partícipe de todo ese espectáculo, te gustará pasar por el Kit Kat Club. A algunos quizás os suene el nombre, porque el Cabaret donde actúa Sally Bowles en Cabaret, se llamaba así. Pero hablamos de un local actual.


Las veces que he estado allí han sido geniales. Un lugar donde podrás, simplemente ser tu mismo. Vestir como imaginas en tus fantasías, mirar y ser mirado, en la segunda sala se puede bailar, o entretenerse probando camas varias... y si llegas a la última sala del club quizás te encante sentarte en una silla de ginecólogo, balancearte en el columpio o dejar que te aten a la cruz de San Andrés. Y todo eso, sin miradas juzgativas, con total libertad y rodeado de gente de lo más variopinta. Una visita muy recomendable.