Bajo mi punto de vista, Steven Shainberg dirigió una obra maestra. Para mi fue la primera película que hablaba de BDSM como yo necesitaba oírlo. No como algo frío que sólo sucede en clubs, si no como algo mucho más profundo. Shainberg hablaba de amor, de entrega, de conocerse a uno mismo; hablaba de los miedos, de la falta de autoestima, de lo poco que debe importante la opinión de los demás... y de lo grande que es encontrar a alguien con quien compartir la vida y experiencias tan maravillosas como las que nos explica en su película.
Años después dirigiría una biografía sobre Diane Arbus, y en ese momento pasó al podium de mis referentes.
Día a día redescubriendo que todo son actos performativos, que la vida es puro teatro y que fantasía no tiene fronteras. I know the pieces fit, because I whatched them fall away.